Feria Nacional de Zacatecas: un encuentro de tradición y arte
La Feria Nacional de Zacatecas (FENAZA) no es solo una fecha en el calendario; es el latido de una ciudad entera labrada en cantera rosa. Llega septiembre y el centro histórico cambia de piel. He recorrido muchos pueblos mágicos en mis quince años como periodista, pero hay algo en la luz de Zacatecas durante estos días que atrapa. No es turismo masivo vacío. Es una mezcla rara, a veces incómoda pero siempre fascinante, entre la elegancia colonial rancia y la energía chaparra del norte mexicano. Viene gente por las artes, por la comida, y sí, también por los toros.
Lo curioso es que aquí la cultura se come. No es una feria comercial más. Ellos mismos dicen que Zacatecas es un «escenario natural», y cuando caminas por los callejones y ves que hasta el cerro parece convertirse en un teatro, entiendes por qué. Si andas buscando una excusa para ir al norte, esta es la buena. No hay otra como esta.
El corazón de la fiesta: Teatro y Cultura
Donde otras ferias ponen puestos de Remedios Varo, la FENAZA pone escenarios. El compromiso con las artes escénicas es, de verdad, inquebrantable. El Festival Cultural se traga la ciudad al mismo tiempo que la feria y los teatros antiguos se llenan hasta los topes. Hablamos del Teatro Fernando Calderón. Una joya del siglo XIX que sigue en pie, con esa dignidad de los edificios que saben que han visto de todo.
El Teatro Fernando Calderón y la Plaza de Armas
Entrar al Calderón da un poco de respeto. Es casi místico, con su fachada neoclásica y esas butacas rojas viejas que te susurran historias del porfiriato. Durante estos días llegan delegaciones de todo el mundo. Ópera, danza, sinfónica. Lo mejor es que la cultura se escapa. No se queda encerrada. Sales a la Plaza de Armas, justo frente al palacio, y te encuentras con mimos, teatro callejero y circos que no te dejan indiferente. Es un ambiente que se mantiene vivo hasta que el cuerpo aguanta.
Tauromaquia en la «Plaza de Toros El Rey»
Hablar de Zacatecas sin hablar de toros es como comer tacos sin salsa. Aquí la fiesta brava pesa, y mucho. Tienen una de las plazas más bonitas de México: la Plaza de Toros El Rey. No es un circo moderno; es un monumento del siglo XIX. Pero hay algo que la distingue del resto: la Corrida de Toros de la Tradición. Aquí los matadores no usan el ‘traje de luces’. Se visten de charro. Es un guiño directo a las raíces, a lo nuestro.
Novilladas y Rejoneo
Hay de todo. Si eres un experto o si solo vas por curiosidad, encuentras tu cartel. Desde novilladas donde asoman los futuros ídolos, hasta el rejoneo, que es cosa seria: caballos y toros en un baile de adrenalina. Y la luz… cuando cae la tarde en la «El Rey» y el sol se pega en la cantera, te das cuenta de por qué la gente vuelve año tras año. Es un espectáculo visual que pocos lugares pueden igualar. Y sí, sé que el tema es polémico, pero aquí la tradición está arraigada en la piedra.
Tip de experto: Si los toros no son lo tuyo, ve a la Plaza de Toros El Rey de día, solo a mirarla desde fuera. La arquitectura en cantera y la vista de la ciudad desde la falda del Cerro de la Bufa te darán la mejor foto del viaje sin entrar al ruedo.
Gastronomía regional: Sabores de la tierra
Andar por la feria da hambre. Es inevitable. La comida aquí no es para_light_; es para gente que trabaja el campo. El rey indiscutible es el asado de boda. Cerdo o res marinado en chile guajillo, con tortillas de harina hechas a mano ahí mismo. No te vayas sin probarlo.
Si quieres algo de marcha, el Jardín de la Independencia se llena de puestos de menudo y carnitas. Para beber, un mezcal oteco o algún destilado de la región. Y cuando baje la temperatura —porque las noches son frías en la altiplanicie—, unos buñuelos con piloncillo y un atolé te quitan el frío del cuerpo. Los restaurantes de centro también sacan la casta con menús de temporada, mezclando lo viejo con técnicas nuevas.
Cómo llegar y moverse en Zacatecas
El Aeropuerto Internacional General Leobardo C. Ruiz (ZCL) es tu mejor apuesta si vienes de lejos. Tiene vuelos directos desde la Ciudad de México, Tijuana, Dallas y Houston. Del aeropuerto al centro hay unos 25 o 30 minutos en taxi. Sencillo.
Si vas por carretera, la autopista 45 (DURANGO-MÉXICO) es la ruta. Pero ojo, en días de feria el centro se vuelve un caos de coches. Mi consejo: deja el auto en el hotel y camina. El centro histórico se siente a pie; la catedral, los teatros, las plazas, todo está cerquita. Si te cansas, usa el teleférico. Te salva las piernas para subir a la Bufa o al Grillo y, de paso, ves la ciudad desde el cielo.
Conclusión: Una experiencia inmersiva
Ir a Zacatecas en septiembre es aceptar una invitación para entender el alma del norte. No es un destino superficial. Equilibra esa calma de los museos y las minas con el ruido de la calle. La Feria Nacional de Zacatecas es identidad pura. Desde el bramido en la cantera hasta el aplauso en el teatro, todo encaja. Te deja una huella. Si buscas cultura, historia y un poco de adrenalina, ahí te esperan.
Preguntas Frecuentes
¿Cuándo se celebra la Feria Nacional de Zacatecas?
Suele ser en la primera quincena de septiembre, alrededor del 16. Las fechas cambian un poco cada año, así que mejor revisa la agenda oficial antes de comprar los boletos de avión.
¿Es necesario comprar boletos con mucha anticipación?
Para el teatro Calderón y las corridas grandes, sí. Se agotan semanas antes. El turismo regional y nacional es muy fiel a estos eventos, así que si quieres buen lugar, no te arriesgues.
Datos prácticos
- Temporada: Primera quincena de septiembre.
- Alojamiento: Desde $1,200 MXN (algunos boutique) hasta $5,000 MXN (lujo). Si quieres ahorrar o elegir bien, reserva tres meses antes.
- Costo de entrada: Recintos feriales: $50-$100 MXN. Teatro: $200-$800 MXN. Corridas: de $450 a $3,500 MXN, depende si te sientas al sol o a la sombra.
- Clima: Los días son secos y templados, pero las noches son de verdad frías (a menos de 10°C). No olvides el abrigo.
- Moneda: Peso Mexicano (MXN). Aceptan tarjetas en casi todo, pero lleva efectivo para los puestos de artesanías y antojitos; allí el plástico no siempre sirve.