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México no solo es tierra de tequila, sino también de vinos con identidad propia. Tres regiones del país han consolidado su reputación enoturística gracias a sus paisajes, bodegas históricas y vinos de altura. Aquí te compartimos tres rutas en coche para vivir el enoturismo mexicano al volante, descubriendo desde el mar hasta el desierto.
Valle de Guadalupe: el corazón vinícola de Baja California
Conocido como la «Baja Riviera», este valle a solo dos horas de Ensenada (Baja California) concentra más del 90% de la producción vinícola del país. Sus viñedos, enmarcados por colinas áridas y el océano Pacífico, ofrecen una experiencia única donde el mar y la tierra se fusionan en cada copa.
Cómo llegar: Desde Ensenada, toma la carretera federal 3 hasta el Valle de Guadalupe. El trayecto es de aproximadamente 40 minutos por un camino bien señalizado, aunque se recomienda manejar con precaución por las curvas.
Qué esperar:
- Bodegas con alma: Recorre desde bodegas boutique como Decantos Vinícola o Bruma hasta proyectos más grandes como Alximia o Vinos Don Leo. Muchas ofrecen catas que van más allá de lo tradicional, incluyendo maridajes con quesos locales o experiencias gastronómicas en sus restaurantes.
- Arquitectura y paisaje: Las bodegas aquí son obras de arte: desde la icónica Bodega de Santo Tomás, la más antigua de México (1888), hasta espacios modernos como Animalón, donde el vino se disfruta en medio de jardines y miradores al mar.
- Sabores del mar y la tierra: No te pierdas los maridajes con pescados frescos de la costa o los cortes de carne de la región. Algunos restaurantes, como Deckman’s en Alximia, son destinos por sí mismos.
Mejor época: De marzo a noviembre, cuando el clima es templado y los viñedos están en plena actividad. Evita julio y agosto, los meses más calurosos, a menos que prefieras el calor extremo.
Ruta del Vino de Querétaro: altura, espumosos y tradición
En el corazón de México, la zona de Tequisquiapan, Bernal y Ezequiel Montes (Querétaro) desafía los prejuicios sobre los vinos mexicanos. A más de 1,900 metros sobre el nivel del mar, sus viñedos producen espumosos tan refinados como los europeos, gracias a un clima fresco y suelos calcáreos.
Cómo llegar: Desde la Ciudad de México, toma la carretera federal 57 hacia Querétaro. Una vez en la entidad, la distancia a Tequisquiapan es de 60 km (1 hora), a Bernal 70 km (1 hora 15 minutos) y a Ezequiel Montes 90 km (1 hora 30 minutos).
Qué esperar:
- Espumosos de culto: Querétaro es la cuna de los mejores vinos espumosos de México, con bodegas como L.A. Cetto en Ezequiel Montes o Vinos Don Leo (también presente en Valle de Guadalupe). Aquí se elaboran desde brut nature hasta rosados, siguiendo el método tradicional champenoise.
- Pueblos con encanto: La ruta incluye paradas en Bernal, uno de los «Pueblos Mágicos» de México, famoso por el Peñón de los Baños y su gastronomía, como los chiles en nogada. En Tequisquiapan, puedes visitar talleres de artesanías y probar los quesos de cabra locales.
- Experiencias únicas: Algunas bodegas ofrecen talleres de elaboración de espumosos o visitas a sus cavas subterráneas, como en Bodegas La Redonda.
Mejor época: De octubre a abril, cuando las temperaturas son frescas y las viñas están en vendimia. Los meses de diciembre y enero son ideales por las festividades locales, como el Festival del Queso y el Vino en Tequisquiapan.
Si quieres bajar al detalle de bodegas, queserías y logística, en la Ruta del Queso y el Vino de Querétaro tienen un plan de fin de semana completo.
Valle de Parras: el oasis histórico de Coahuila
En el norte de México, el Valle de Parras (Coahuila) guarda la historia más antigua del vino mexicano. Fundado en 1597 por misioneros jesuitas, este valle desértico alberga viñedos que producen vinos con alma colonial, donde el tiempo parece detenerse entre sus calles empedradas y bodegas centenarias.
Cómo llegar: Desde Saltillo, toma la carretera federal 40 hacia Parras de la Fuente (1 hora 30 minutos). El valle se extiende por varios municipios, como General Cepeda, donde también hay bodegas destacadas.
Qué esperar:
- Bodegas con historia: Visita Casa Madero, la bodega más antigua de América (1597), que aún conserva sus lagares de piedra y produce vinos como el Misión de la Extranjera, un tinto de uva país. Otras opciones son Bodegas de Santo Tomás (sucursal en Parras) o Vinos Don Leo.
- Arquitectura colonial: El casco histórico de Parras es un viaje en el tiempo: sus calles empedradas, la Hacienda de San Lorenzo y la Parroquia de Nuestra Señora de la Candelaria son testimonio de su pasado jesuita.
- Sabores de la tierra: Prueba los vinos de mesa, los brandis locales o los quesos artesanales, como los de cabra de la región. Algunos restaurantes, como La Casona de los Giles, ofrecen platillos típicos como el cabrito al pastor.
- Ruta de los sentidos: En temporada, puedes participar en la Fiesta de la Vendimia (septiembre), donde las bodegas abren sus puertas para mostrar el proceso de cosecha.
Mejor época: De septiembre a mayo. Los meses de septiembre y octubre son ideales por la vendimia, mientras que de noviembre a febrero el clima es fresco y perfecto para recorrer las bodegas sin calor excesivo.
Estas tres rutas enoturísticas demuestran que México tiene una oferta vinícola diversa y llena de historia. Ya sea por la brisa marina del Valle de Guadalupe, la altura de Querétaro o el aire colonial de Parras, cada región ofrece una experiencia única para los amantes del vino y los viajes. ¡Empaca el coche y descubre los sabores que el terruño mexicano ha guardado durante siglos!
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